miércoles, 20 de abril de 2016

La boda del siglo: Marie-Antoinette se casa con el dauphin Louis-Auguste de Francia (tercera y última parte).


El jueves 17 de mayo, Versailles amanece como de costumbre, con su usual ajetreo. Los grandes señores esperan pacientemente asistir al lever del Rey, las damas realizan sus elaboradas toilettes en sus respectivos appartements, los sirvientes corren arriba y abajo por los laberínticos pasillos y escalerillas de palacio y los patios están llenos de caballos, carruajes y chaises à porteurs. Iniciando una costumbre que perdurará durante todo su posterior reinado, el dauphin Louis-Auguste se ha levantado muy temprano para ir a cazar, la Dauphine, por el contrario, se ha levantado bastante más tarde, alrededor del mediodía. Ella y el Rey asisten a misa y una vez más, se colocan balaustradas a lo largo del Grand Appartement para que el público pueda observar el cortejo real ir y volver de la capilla.
Versailles y su habitual ajetreo, pintado por Jacques Ribaud a principios del siglo XVIII.
© RMN (château de Versailles) - Droits réservés

El acto más importante del día se produce sin embargo en el relativamente exiguo appartement que ocupa Marie-Antoinette en la planta baja. Sentada en un sillón en su Grand Cabinet, las damas y señores acuden a “presentarse” ante la nueva Dauphine, todo aquel o aquella que se considere alguien en la Corte debe asistir. Decenas de personas se apretujan en las antecámaras, pero los aposentos son pequeños, las puertas estrechas y las vanidades anchas. Primero pasan los hombres, se dicen sus nombres (o título) en voz alta, entran en el cabinet, hacen una reverencia, la Dauphine les dice alguna palabra amable y vuelven a salir.
Segunda Antecámara del appartement de Marie-Antoinette (actualmente del Dauphin). Aquí se apretujaron las altivas damas de la Corte a la espera de ser presentadas.

Con las damas es ligeramente más complicado. Todas ellas deben vestir el grand habit de cour, de modo que la presencia de colas de tres metros sostenidas por valets complica aún más la espera de decenas de señoras en las pequeñas antecámaras. Una vez llegan a la puerta del Grand Cabinet, el valet debe dejar la cola de su señora, que tiene que entrar sola en la estancia. Al oír su nombre, la dama hace una primera reverencia en la puerta, avanza hasta la mitad de la estancia, hace una segunda reverencia, avanza hasta el sillón de la Dauphine y hace una tercera y última reverencia. Luego se quita el guante derecho, y con esa mano va a coger el bajo de la falda de la Dauphine para besarlo, pero (siempre, según el protocolo) la Dauphine evita que la dama lo haga y le dice alguna palabra amable. Finalmente, la dama se levanta y hace el mismo recorrido que antes, con las tres reverencias incluidas, pero marcha atrás para evitar dar la espalda a la Dauphine, ni que decir que caminar marcha atrás con una cola de tres metros tiene su complicación.

Marie-Antoinette aguanta toda la ceremonia con una ejemplar paciencia. Pero podemos entender que, después de que le sean presentadas más de cien personas siguiendo el mismo y lento ritual, la Dauphine empiece a detestar la etiqueta cortesana.

Por la tarde/noche toca la presentación de la opera Persée compuesta por Quinault y Lully. La misma Opéra Royal que la noche anterior había acogido el Festín Real, ahora, con los decorados apresuradamente cambiados, acoge la representación de una ópera demasiado solemne, densa y anticuada para la joven Dauphine. Dos horas y media de ópera aburren visiblemente a Marie-Antoinette. Pero la noche no está exenta de sobresaltos, el águila de la Casa de Habsburgo se desprende del decorado y cae ruidosamente sobre el Altar del Himen; poco después Perseo, de camino a pedir solemnemente la mano de Andrómeda, tropieza con un bordillo y cae de bruces en medio del escenario, es uno de los pocos momentos en los que Marie-Antoinette de divierte.
Vista de la escena y el telón de la Opéra Royal.

El viernes 18 es día de descanso, el Dauphin está de caza y la Dauphine solo aparece en público para almorzar sola “au grand couvert” (eso es, en público). El resto del día lo pasa tranquilamente en sus aposentos.

EL GRAND BAL PARÉ

El sábado se reemprenden las celebraciones de la boda con el grand bal paré (algo así como gran baile de gala). Una vez más el decorado de la Opéra Royal se ha metamorfoseado, la platea se ha elevado al nivel del escenario para crear una única y amplia sala de baile y en el escenario un decorado imita una arquitectura palaciega con altas columnas, y brocados azules bordados al hilo de plata.

Pero esta puesta en escena queda empañada por el primer escándalo protocolario que protagonizará la joven Dauphine: el llamado Affaire du Menuet (Asunto del Minueto).

En la jerarquía de la Corte, después de la Familia Real y los princes de sang (nobles emparentados con la Familia Real), vienen los llamados princes étrangers (señores de antiguos estados soberanos que ahora están semi o totalmente incorporados a Francia, como Mónaco o Lorena), luego los duques y pares (el rango más alto de la aristocracia francesa), los Grandes de España (entiéndase nobles franceses con esta distinción, no nobles españoles) y luego el resto de la nobleza. Sin embargo la rivalidad entre princes étrangers y los duques y pares es motivo de infinitas querellas en la Corte, ambos afirman tener más precedencia que los otros.

Bien, pues en el baile, después de que bailen la Familia Real y los princes de sang, la Princesa de Brionne (princesse étrangere) ha pedido que su hija, Mademoiselle de Lorraine, sea la siguiente en bailar el minueto, por ser miembro de la Casa de Lorena (o Lorraine) a la que también pertenecía el padre de Marie-Antoinette. La Princesa había hecho, hace semanas, la petición a la emperatriz Maria-Theresia, que a través de su embajador, el Conde Mercy-Argenteau, se la había trasladado al rey Louis XV. El monarca había accedido. Pero cuando las altivas duquesas se enteraron de esto, decidieron hacer una carta de queja con el apoyo de todos los altos señores de la Corte, ¿Cómo podía ser que un miembro de una familia extranjera bailara antes que ellas que pertenecían a ancestrales familias francesas?

El Rey había emitido una respuesta el día 16, justo antes de la ópera Persée; en la poco sutil carta el monarca decía que era una petición de Viena y que esperaba que sus súbditos la cumplieran y punto. Se rumoreó entonces que la emperatriz Marie-Theresia y la joven Marie-Antoinette habían maniobrado en torno al Rey para defender las pretensiones de la Princesa de Brionne. Es una afrenta a las ilustres familias de la aristocracia francesa. Sin embargo, lo más probable fue que la Dauphine observara el asunto sin dedicarle excesiva atención, las querellas protocolarias siempre le resultaron indiferentes.
Boceto del grand bal paré hecho por Jean-Michel Moreau le Jeune.

Sea como fuere, el baile empieza puntualmente a las siete cuando llega la Familia Real, una vez más, centenares de personas venidas de Paris con invitación llenan las gradas para observar el baile. La platea está exclusivamente reservada a la Corte. Algunas duquesas y Grandes de España asisten finalmente al baile (¿Cómo faltar a un evento tan importante?) pero llegan bastante tarde o se marchan antes que baile Mademoiselle de Lorraine, muchas otras lo observan discretamente desde sus palcos privados. Sin embargo, el baile es un éxito, los espectadores remarcar la afluencia de gente, la belleza del decorado, la suntuosidad de las vestimentas y la elegancia de los bailes.

LOS FUEGOS DE ARTIFICIO Y LES ILLUMINATIONS

A las diez en punto se da por concluido el grand bal paré y todo el mundo se dirige a la Galerie des Glaces para ver los fuegos artificiales, estos estaban previstos para el día de la boda, pero tuvieron que ser suspendidos a causa de la tormenta. La Familia Real se sitúa en las ventanas centrales de la Galerie, la Corte en las otras ventanas y el pueblo, al que se ha dejado entrar excepcionalmente, en la parte alta de los jardines. A las diez y cuarto, a la señal del Rey, empieza el espectáculo, que dura media hora.

Se suceden cascadas luminosas, pirámides de fuego, soles relucientes, esferas, bouquets de petardos, el monograma de los esposos (LA y MA) y no puede faltar un templo del Himen. Mientras tanto la orquestra de más de cien músicos acompaña el espectáculo desde el gran canal. Todo termina con una gran girande (una rueda giratoria) de más de 20.000 cohetes y bengalas.

En menos de una hora, los obreros desmontan las tarimas y las estructuras de los fuegos de artificio y el camino está libre para que el pueblo pueda disfrutar de las illuminations. En el tapis vert hay pirámides y obeliscos y alrededor la Fontaine d’Apollon se erigen tejos podados y estructuras efímeras en forma de arcos de triunfo recubiertos de guirnaldas, todo ello iluminado por más de 160.000 farolillos. Las iluminaciones se extienden por todo el borde del Grand Canal y terminan con un gran templo del sol, por el canal navegan además pequeñas góndolas y galeras igualmente iluminadas con farolillos. Las illuminations también abarcan los principales bosquets del jardín y en algunos de ellos se suceden espectáculos de danza. Todas las fuentes del jardín permanecen encendidas durante toda la noche. Se calcula que 200.000 personas visitan los jardines aquella noche, sin necesidad de invitación y sin distinción de rango, las gentes humildes observan y pasean al lado de grandes señores de la Corte; los princes y princesses de sang y algunos miembros de la Familia Real se pasean entre la muchedumbre en calesa o en chaise à porteur. Sin embargo ni el Rey ni la pareja de recién casados bajan al jardín.
Les illuminations en el Bassin d'Apollon representadas por Moreau le Jeune.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Droits réservés.


Detalle del gravado de Moreau le Jeune.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Droits réservés.

El Duque de Cröy nos deja la siguiente descripción:

“A las doce y media, fui a buscar a las damas a casa de la Princesa de Tingry. Di la mano a la Princesa de Salm y corrimos a ver las illuminations. Lo mejor y realmente admirable fue la iluminación del Grand Canal vista […] desde la terraza por encima de la Fontaine de Latone. […].

Sin embargo, fue decepcionante que al girarme viera la Galerie des Glaces cerrada y a oscuras y que ni el Rey ni la Familia Real se dignaran a permanecer un rato observando las illuminations. La joven Dauphine si que se paró un rato a observarlas, pero cuando pidió permiso para bajar a ver los jardines se lo denegaron. Pareció que la Familia Real despreciaba todo eso. […] se dijo que el Rey tenía miedo de resfriarse. […]

Había en varios bosquets, pequeños teatrillos de divertían al pueblo, y todo estaba iluminado, todo fue digno de ser recordado como una de las fiestas más magnificas que se han celebrado en Versailles hasta la fecha. Recorrimos con las damas todos los sitios y volvimos a casa al amanecer. No he oído hablar de ningún accidente ni altercado.”

EL GRAND BAL MASQUÉ

El domingo es día de descanso, lo único remarcable es la multitud que  viene a ver a la Dauphine mientras asiste a la misa matutina.

El cuarto día de celebraciones, el lunes 21 de mayo, el Rey ofrece un grand bal masqué (baile de máscaras) en el Grand Appartement de Versailles. Esta vez no se extienden invitaciones, la entrada es libre, la única condición es quitarse la máscara e identificarse antes de entrar. La danza se hace en el Salon d’Hercule, recubierto de draperies y con un anfiteatro para sentarse u observar el baile y tres orquestas se reparten por el Grand Appartement además de tres buffets en el Salon de Vénus, el Salon de la Guerre y el Salon de la Paix.
Planta de Versailles hacia 1770, con los principales sitios nombrados en el artículo.
El punto azul representa el Salon d'Hercule.

Gravado representado el bal masqué en la boda del anterior Dauphin en 1745, por Charles Nicolas Cochin.

Marie-Antoinette aparece de incógnito con sus damas de compañía, todas ellas vestidas “en domino” (a cuadros), y baila sin que nadie se percaté de quien es en realidad. Sin embargo apenas discurrida una hora la Condesa de Noailles viene a buscarla para que se retire, el Rey ha ordenado que la joven Dauphine no se fatigue en exceso.

Solo a las 8 de la mañana se da por concluido el baile.

ÓPERAS, TRAGEDIAS Y BALLETS

Si bien las festividades oficiales de la boda terminan con el bal masqué, en el próximo mes y medio se dan varias representaciones en la recién inaugurada Opéra Royal. El miércoles 23 de mayo la tragedia de Racine Athalie, que destaca por su majestuosa puesta en escena, con 500 figurantes en la escena final, una espectacular reconstrucción del Templo de Jerusalén y nueva música compuesta por François-Joseph Gossec.
Representación de Athalie según Jean-Michel Moreau le Jeune.
© RMN (Château de Versailles) - Gérard Blot.


El sábado 26 se vuele a representar la opera Persée. Según el programa inicial el 30 de mayo se tiene que representar la ópera Castor et Pollux y el 9 de junio la tragedia Trancrède y el ballet La Tour Enchantée, sin embargo, no estando listos los decorados, las representaciones se trasladan al 9 y 20 de junio respectivamente.

LA FIESTA DE AUSTRIA

A finales de mayo, cuando el torbellino de actos y fiestas en la Corte parece haberse calmado, empiezan en Paris las celebraciones en honor a los recién casados.

La primera es la fiesta que celebra el Conde de Mercy-Argenteau, embajador austriaco, en su residencia del Petit Luxembourg. Sin embargo como su appartement es demasiado pequeño, se construye una sala de recepción provisoria en el jardín. Obra del abanderado de las nuevas corrientes neoclásicas el arquitecto Jean-François-Thérèse Chalgrin. La sala es un inmenso espacio rectangular articulado con 8x6 colosales columnas corintias. La construcción, que recibe la aprobación unánime de la crítica, se considera una de las edificaciones más destacadas del neoclasicismo temprano francés a inicios de los 70.
Entrada a la sala de baile provisoria del Petit Luxembourg.

Interior de la sala de baile de Chalgrin.

El domingo 27 de mayo en la sala del Petit Luxembourg el Conde ofrece una cena de 90 cubiertos para lo más granado de la aristocracia y alta sociedad parisina. El día 29 le sigue un bal masqué en la misma sala.

Ni los recién casados ni la Familia Real asisten a este evento o los otros celebrados en la capital, la entrada oficial del Dauphin y la Dauphine a la ciudad no se producirá hasta junio de…1773 !

TRAGEDIA EN LA PLACE LOUIS XV

Paralelamente la villa de Paris ha ido organizando sus celebraciones. Inicialmente se habían previsto bailes campestres, carreras de caballos, justas y espectáculos acuáticos en el Sena, mercadillos y teatrillos repartidos por toda la ciudad y además iluminaciones de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Pero como las finanzas de la administración local se encuentran bastante mal, al final se decide reducir todo esto a una feria comercial en los iluminados boulevards del norte, de la Madeleine a la Porte Saint Denis (actuales Boulevard des Capucins, des Italiens, Montmartre, Poisonnière y Bonne Nouvelle) y unos fuegos de artificio lanzados en la Place Louis XV (actual Place de la Concorde).

Sobre la feria el Duque de Cröy deja escrito: “Los boulevards […] estaban iluminados con dos hileras de farolas y farolillos en los arboles, y había una larga fila de paradas abiertas. Todo tuvo cierta belleza, pero tuvo un éxito mediocre, así como el fuego de artificio.”

El fuego se programa para el miércoles 30 de mayo, que se declara día festivo en toda la ciudad. A partir de las seis de la tarde la gente empieza a confluir en la Place Louis XV, que por aquel entonces marcaba el limite oeste de Paris, más allá se extendían los nuevos barrios que empezaban a ser urbanizados para la albergar los hôtels y palacetes de la aristocracia y alta burguesía parisina. El ayuntamiento ha desplegado a más de doscientos agentes municipales, hay puestos en los que se da comida gratuita y se han prohibido asimismo la construcción de graderías para evitar que se hundan bajo el peso excesivo de la gente.
La Place Louis XV representada en los años 70, por Nicolas Perignon, antes de la construcción del puente-

En el centro de la plaza se yergue la estatua del Rey, inaugurada en junio de 1763. Hacia el norte hay las dos columnatas que enmarcan visualmente la estatua y sirven de entrada a la Rue Royale, que conduce a la iglesia de la Madeleine, que en 1770 es un inmenso solar en obras repleto de materiales de construcción. Hacia el este hay las verjas que dan entrada al Jardin des Tuileries. Al sur hay una larga balaustrada que da al Sena (el actual puente no se empezará a construir hasta 1787) y la desembocadura de las dos avenidas que bordean el río, el Cours de la Reine al oeste y la Quai des Tuileries al este. Finalmente al oeste empiezan los Champs-Élysées que por aquel entonces son un camino sin pavimentar flanqueado por una doble hilera de árboles y rodeado de solares sin construir.

El caer la noche empieza el espectáculo de fuegos artificiales, que son lanzados desde la balaustrada que da al río al sur de la plaza. Pero como dice el Duque de Cröy el resultado es mediocre: el bouquet final se enciende demasiado temprano y se acaba prendiendo todo el entarimado, en resumen todo resulta precipitado y deslucido.
Mapa de la Place Louis XV con las calles colindantes.

La multitud, decepcionada se dirige entonces hacia la feria de los boulevards del norte, sin embargo como casi todas las entradas a la plaza están taponadas por largas hileras de carruajes solo pueden salir por la Rue Royale al norte. Entre trescientas y cuatrocientas mil personas se dirigen hacia el embudo de la Rue Royale, sin embargo ésta también se encuentra llena de carruajes y dos coches de bomberos avanzan además en dirección contraria para apagar el fuego del entarimado. Los primeros espectadores llegan entonces a la zona en obras de la Madeleine, tropiezan con los materiales, caen y son pisoteados, en la Rue Royale se produce una avalancha, los que pueden suben al techo de los carruajes o a las farolas, otros encima de los caballos que mueren aplastados. Solo varios minutos más tarde la escasa guardia municipal logra controlar la situación. El resultado: 132 muertos y más de mil heridos. El fallecido más joven tiene seis años, el mayor setenta.

Una vez más el Duque de Cröy nos relata parte del trágico episodio:

“Lo más bonito era la cantidad de gente y carruajes que había […] muchísima gente había venido de las afueras solo para ver el espectáculo. […] llegamos con antelación y nos situamos en las columnatas, en el espacio del Duque de Chevreuse […] El fuego fue bonito, pero no excepcional […] Después del fuego, la cantidad de gente que quería salir de la plaza era espectacular y aterradora. Vi esa masa que llegaba y como nuestro carruaje era de los primeros de la Rue Royale comprendí que debíamos partir rápido. Seis nos metimos en el interior y el Duque de Sully y otros subieron detrás […] llegamos a casa de la Princesa de Tingry con bastante calma, tuvimos suerte, porque partimos temprano, si la muchedumbre nos hubiera alcanzado, no sé como hubiera acabado la cosa”.

Cuando a la mañana siguiente, la noticia llega a Versailles, el Dauphin y la Dauphine quedan completamente consternados y deciden dar todo el dinero que el Rey les había dado en honor de su boda a las familias de muertos y heridos, a su imitación varios princes de sang y el arzobispo de Paris hacen lo mismo. Como la picaresca no es exclusividad española, no faltarán los que simularán haber estado en la avalancha o ser familiares de alguien para cobrar de la generosidad real.

Muchos ven, sin embargo, en el suceso un presagio funesto para la nueva pareja que un día está destinada a reinar sobre Francia, y como la Historia es a veces siniestra ciertas casualidades no pueden ser ignoradas. Los cuerpos de los muertos son llevados a un cementerio de las afueras de la ciudad, años más tarde en ese mismo lugar se enterrarán los cuerpos decapitados de Louis XVI y Marie-Antoinette, en dicho lugar se alza hoy la Chapelle Expiatoire. Varias décadas más tarde, en 1896, otra avalancha de consecuencias similares tendrá lugar en la coronación en Moscú de Nikolay II y Aleksandra Feodorovna, los últimos zares de Rusia.

LA FIESTA DE ESPAÑA

El domingo 10 de junio tiene lugar la última celebración en honor a los recién casados, en este caso celebrada por el embajador español, el Conde de Fuentes. El embajador, para asegurar la comodidad del evento, ha alquilado el vauxhall (algo así como un club nocturno) de Torré situado al norte de la ciudad en el Boulevard Saint Martin. Al vauxhall, compuesto por una enorme sala ovalada rodeada de un pórtico, se ha añadido un pabellón que servirá de sala de banquetes y que se une con la anterior por un patio interior recubierto de farolillos. Como la mayoría de las construcciones se encuentran abiertas al exterior o directamente al aire libre es un suerte que ninguna tormenta estropeé la fiesta.
Otro de los vauxhall que había en Paris, en este caso el Vauxhall de la Foire St Germain.

A las nueve y pico empieza la celebración con unos fuegos de artificio lanzados desde los huertos de detrás del vauxhall, si bien no alcanzan la magnificencia de los de Versailles, el público los considera de los mejores, por su duración, variedad y colorido, no en vano, el propietario del vauxhall, Giovanni Battista Torre, es especialista en pirotecnia. Por orden del Rey, seiscientos soldados se encargan de la seguridad del evento, para evitar sucesos como los de la Place Louis XV.

A continuación se sirve la cena para trescientos comensales que dura hasta las once y media, luego se retiran las mesas y todo el recinto se convierte en un inmenso espacio para el bal masqué. Más de seis mil personas con entrada disfrutan del baile, que se realiza tanto en las salas interiores como en el jardín al aire libre. Paralelamente, en el exterior el Conde ha dispuesto que se dé comida gratuita a todo aquel que se acerque.

La fiesta del Conde de Fuentes solo termina al amanecer cuando poco a poco se van apagando los miles de farolillos que decoran las fachadas y los jardines. La celebración es un gran éxito, de las mejores que se han realizado para conmemorar la boda y todo el mundo remarca que si la del embajador de Austria fue más solemne, la del embajador de España fue por el contrario más alegre y agradable.


Terminaban pues las festividades que habían acompañado a esta boda, calificada de histórica por unir a un Borbón con una Habsburgo. Louis-Auguste y Marie-Antoinette acaban de conocerse, y a lo largo de los siguientes meses se constatarán las profundas diferencias de carácter entre ambos, terminarán, sin embargo, sintiendo afecto el uno por el otro. Su historia y su drama acaban de empezar.

martes, 19 de enero de 2016

Precisiones y reflexiones sobre el Descubrimiento y Conquista de América.



a Laura,


- los eventos de 1492 fueron un hecho fundamental en la historia europea y universal, y cambiaron no solo la percepción geográfica sino también metafísica del mundo.
- el mundo finito y antropocéntrico pasó a ser infinito e infinitamente más aterrador.
- el hombre dejó de ser el centro del mundo para convertirse en un ínfima parte de él (en estas líneas seguirían las teorías de Copérnico y Galileo).
- en el mismo siglo XV también fue trascendental la toma de Constantinopla en 1453 por el Imperio Otomano, y nadie parece sentir pena por los pobres bizantinos.
- se habla de “descubrimiento” porque la historia universal es euro céntrica y la cultura dominante fue la europea hasta la Primera Guerra Mundial.
- se habla de “descubrimiento” porque los europeos llegaron antes; si hubiera sido al revés (los americanos llegando a Europa) ¿se llamaría el “Descubrimiento de Europa”?
- fue uno de los hechos más importantes de la historia de Castilla/España/Monarquía Hispánica, y marcó su ascenso a la categoría de primera potencia mundial.
- otros hechos parecidos, esencialmente de carácter militar, marcaron el ascenso de las sucesivas potencias mundiales, incluido Estados Unidos en 1945 con Hiroshima y Nagasaki.
- la Conquista marcó el inicio del primer imperio global de la Edad Moderna, luego vendrían el imperio portugués, holandés, francés e inglés.
- en el siglo XIX se añadirían los rusos, los alemanes, los italianos, los japoneses y finalmente los americanos.
- ninguno de estos imperios existe oficialmente en la actualidad.


- se entiende por colonizar: la conquista militar, la dominación política y el espolio de recursos.
- se entiende por genocidio: la eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia o religión.
- la Conquista no fue un genocidio: primero porque no era su objetivo, segundo porque es evidente que las razas indígenas americanas (y parte de su cultura) aún persisten.
- la Conquista de América por todas las potencias europeas sí que fue un acto de colonización.
- una colonización casi siempre implica importantes masacres entre los que se resisten, como las que perpetraron los neerlandeses en la Guerra de Java (1825-1830) o los británicos en la Guerra de los Boers (1899-1902).
- en el caso de la Conquista de América existe el debate sobre qué produjo más bajas, si las armas o las enfermedades que trajeron los colonizadores y contra los que los indígenas no estaban inmunizados.
- los objetivos de la colonización fueron: el prestigio internacional, la evangelización/civilización de los pueblos indígenas y adquisición de recursos.
- la Evangelización fue un elemento fundamental en la Conquista, la generalizada práctica de los sacrificios humanos rituales no debió ofrecer una visión muy halagüeña de las religiones autóctonas indígenas, a las que fácilmente se tildó de satánicas.
- es importante remarcar el “choque cultural”.
- aún en la actualidad, las culturas precolombinas resultan fascinantes y a la vez aterradoras.


- las Leyes de Indias y la bula Sublimus Dei (1537) del papa Paolo III prohibieron expresamente que los indígenas fueran esclavizados por colonos u otros indígenas.
- no siempre estas normas fueron cumplidas por los administradores coloniales.
- pronto se decidió importar esclavos de África pasa suplir la falta de mano de obra india, propuesta apoyada, entre muchos otros, por el célebre fray Bartolomé de Las Casas.
- en Reino Unido la esclavitud se abolió en 1808 (comercio de esclavos) y 1833 (esclavitud).
- en Francia se abolió en 1815 (comercio de esclavos) y 1848 (esclavitud).
- en Estados Unidos se abolió en Vermont en 1770 y en la totalidad del país en 1865.
- en España se abolió en 1835 (comercio de esclavos) y 1837 (esclavitud), disposiciones contra la esclavitud ya se recogían en la Constitución de Cádiz de 1812.
- en los nuevos estados independientes latinoamericanos se abolió en Chile en 1823, en Méjico en 1824, en Bolivia en 1831, en Colombia en 1851, en Argentina en 1853, en Venezuela y Perú en 1854…
- la esclavitud se abolió en Puerto Rico y Cuba (últimas colonias españolas) en 1873 y 1886, la causa de este “retraso” hay que buscarlo en los importantísima influencia que tuvieron los lobbies industriales en la metrópolis.
- el último estado que la abolió (en América) fue Brasil en 1888, esta disposición fue una de las causas de la caída de la monarquía en el año siguiente, ya que perdió el apoyo de los grandes terratenientes.


- los principales minerales extraídos de América fueron el oro y la plata.
- se argumentará que el Escorial fue construido con el oro expoliado de América, sin duda.
- con el mismo oro las culturas indígenas no construyeron escuelas para niños y residencias para ancianos, sino desmesurados templos para adorar a sus dioses.
- en el Escorial no se realizaban sacrificios humanos, en muchos templos precolombinos sí.
- los líderes indígenas se hicieron enterrar con fastuosos ajuares de oro.
- las culturas indígenas no vivían en una arcadia democrática cuando llegaron los Conquistadores.
- las sociedades precolombinas fueron en su mayoría estados teocráticos y/o monarquías absolutas.
- aparte de los sacrificios humanos, en algunas sociedades precolombinas también se permitía la esclavitud.
- a pesar sus innegables avances en ciencia e ingeniería el Imperio Azteca fue especialmente conocido por la crueldad con la que conquistó y anexionó a pueblos vecinos.
- dichos pueblos ayudaron más tarde a los Conquistadores a derrotar al Imperio Azteca.


- Cristóbal Colón no fue un genocida.
- Cristóbal Colón fue un colonizador.
- Cristóbal Colón fue un explorador y “emprendedor” genovés al servicio de la Corona Castellano-aragonesa.
- Cristóbal Colón no buscaba fabulosas riquezas, a priori, sino una nueva ruta hacia las Indias.
- sin embargo, exigió a los Reyes Católicos la posesión de aquel lugar donde desembarcara (títulos de virrey y gobernador) y la décima parte de las riquezas obtenidas.
- seguramente pensaba fundar un nuevo enclave comercial y especular con el valor de la tierra y el cobro de impuestos.
- todo esto queda recogido en las famosas “Capitulaciones de Santa Fe”.
- Colón, al final de su tercer viaje fue denunciado por su mala gestión en isla La Española (de la que era gobernador) y detenido y enviado encadenado de vuelta a España.
- la reina Isabel la Católica lo perdonó, pero Colón perdió todos sus cargos y privilegios.


- el Día de la Raza (12 de octubre) se instauró en 1914 (siendo "fiesta nacional" desde 1918), su creación fue apoyada por la comunidad argentina en España.
- en Argentina se instauró en 1917, por el presidente de izquierdas Hipólito Yrigoyen.
- por raza no se entiende “raza española” que no existe, sino una “raza iberoamericana” mezcla de pueblos y culturas.
- fue la cultura anglosajona dominante en Norteamérica la que, a partir de la famosa Doctrina Monroe, quiso ver en la festividad un carácter racista y purista.
- Simón Bolívar dijo que él no era “ni español ni indio, sino americano”.


- Rubén Darío en su Oda a Roosevelt describió a América como:

la América del gran Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.

sábado, 27 de junio de 2015

La boda del siglo: Marie-Antoinette se casa con el dauphin Louis-Auguste de Francia (segunda parte).


El martes 15 de mayo, toda la Corte de Francia con el Rey y los prometidos a la cabeza deja La Compiègne rumbo a Paris. Como en etapas anteriores la muchedumbre obstruye los caminos y las plazas de los puebles y los gritos de “Vive la Dauhine! Vive le Dauphin!” son constantes. Poco después del mediodía el cortejo llega a la pequeña población de Saint-Denis, situada al norte de Paris (hoy en día un suburbio de la capital francesa). El objetivo no es visitar la suntuosa necrópolis de los reyes de Francia en la Abadía de Saint-Denis, no habría sido una visita muy adecuada en vísperas de una boda, sino hacer una parada en el Convento de la Carmelitas. Allí se encuentra la princesa Louise, hija del Rey y por lo tanto otra tía política de Marie-Antoinette (junto con las Mesdames ya citadas). La joven princesa, había sorprendido a toda Francia cuando, a principios de año, había hecho saber a su padre que deseaba ingresar en un convento, pero no con el rango de abadesa (como era habitual en la caso de la princesas) sino como una monja más y además, en el convento de la Carmelitas, una orden especialmente conocida por su rigor y dureza. Al parecer, la joven, que tenía 33 años, estaba cansada (al contrario que sus hermanas) de los chismorreos versallescos y deseaba “rezar para expiar los pecados de mi padre”.
La Familia Real con retratos pintados más o menos hacia 1770. La Reina y los padres del Dauphin murieron años antes de la celebración de la boda.
Retratos © RMN-Photo.

Después de esta visita relámpago, el cortejo sigue, pero no entra en Paris, demasiado masificado, sino que lo rodea. La entrada oficial a la capital se hará más solemnemente otro día. Esta decisión no impide que los habitantes de la ciudad se concentren en los boulevards de circunvalación para saludar a la prometida y al resto de miembros de la Familia Real. Lo más impresionante, según los cronistas, es que el cortejo avance por los boulevards entre una doble hilera de los suntuosos carruajes de las “damas de Paris” (entiéndase damas distinguidas pero no aristócratas, sino de la burguesía).  Este despliegue de fastos anuncia ya las celebraciones que están por venir.

Al atardecer, la Familia Real llega al Château de La Muette, pequeño palacete a las puertas de la capital que el Rey aprecia por su carácter íntimo, pero que había cedido en 1764 al Dauphin para su uso y disfrute. Allí le presentan a Marie-Antoinette algunos miembros de la Familia Real que no estaban en La Compiègne, en concreto los otros nietos de Rey (y hermanos de su futuro marido), el Conde de Provence, el Conde de Artois y la princesa Clothilde (futura esposa de Carlo Emanuele IV de Savoia).
Mapa de Cassini representando Paris hacia 1750. El punto lila es Saint-Denis, el rojo La Muette y el verde Versailles.

El Château de La Muette pintado por Charles Leopold van Grevenbroeck hacia 1740. Era el segundo castillo que se erigía en ese mismo lugar. Mutilado durante la Revolución, fue reconstruido más tarde y derribado hacia 1920. La puerta al fondo la calle corresponde más o menos a la actual localización del Palais de Chaillot

Por la noche se celebra una cena de 40 cubiertos en la que la joven Dauphine se encuentra por primera vez con la Condesa Dubarry, amante del Rey. La anécdota dice que cuando Marie-Antoinette le pregunta a la Condesa de Noialles "¿quién es esa mujer?" ésta responde “está aquí para distraer al Rey” y la inocente Dauphine replica: “entonces voy a ser su rival”.
La Condesa Du Barry pintada en por François-Hubert Drouais. A pesar de su aspecto angelical, Jeanne Bécu fue una experta "prostituta de lujo" antes de convertirse en amante real.

Hacia la 1 de la noche, toda la Familia Real abandona La Muette rumbo a Versailles, a excepción de la Dauphine, que permanece en el castillo con su séquito. Antes de partir el Rey le hace entrega de una suntuosa parure de diamantes y de las joyas de la anterior Dauphine, Marie-Josèphe de Saxe (madre de su prometido).

VERSAILLES, CAPUT MUNDI

El soleado miércoles 16, Marie-Antoinette, vestida en una très-grand-negligé (algo así como un vestido de día, nada que ver con la negligé actual), parte del castillo de La Muette para llegar finalmente a Versailles sobre las diez. Una vez más los caminos están repletos de gente y de carruajes. El cortejo llega al palacio entre los redobles de tambores de las hileras de Gardes Françaises y Gardes Suisses.

La tradición de la Corte dicta que cuando una reina muere, su appartement debe ser inmediatamente habitado por la Dauphine, aunque ésta no sea aún reina. A su llegada a Versailles, Marie-Antoinette debía haberse alojado, por lo tanto en el suntuoso Appartement de la Reine que hoy en día miles de personas visitan atolondrada y apresuradamente. Pero la reina Marie Leszczynska ha muerto en 1768, su appartement lleva más de dos años cerrado y su puesta a punto aún no ha terminado. Marie-Antoinette será alojada hasta el año próximo (1771) en el actual Appartement du Dauphin en la planta baja, su futuro esposo ocupa desde hace pocos meses el appartement contiguo (actual Appartement de la Dauphine).
La Cour de Marbre de Versailles.
1- Cour Royale; 2- Cour de Marbre;
Appartement de Marie-Antoinette (actual Appartement du Dauphin)
3- Primera Antecámara; 4- Segunda Antecámara; 5- Salon des Nobles; 6- Cámara o dormitorio; 7- Grand Cabinet; 8- Cabinet y letrina; 9- Pequeño comedor;
Appartement del dauphin Louis-Auguste (actual Appartement de la Dauphine)
10- Sala de guardias; 11- Primera Antecámara; 12- Segunda Antecámara; 13- Cámara o dormitorio; 14- Gabinete; 15- Biblioteca; 16- Escalera al futuro appartement de Marie-Antoinette en el primer piso; 17- Letrina; 18- Sala de baños;
19- Appartement de la princesa Adélaïde; 20- Appartement de la princesa Victoire; 21- Appartement de la princesa Sophie.  

Una vez en su nuevo appartement, Marie-Antoinette debe prepararse para la boda, empieza el ritual de la toilette, en el que la nueva dauphine es ceremoniosamente vestida. La toilette empieza bajo los órdenes de la Condesa de Noailles y se alarga varia horas. Mientras se desarrolla, Marie-Antoinette recibe varias visitas. El Rey (es privilegio de la Familia Real asistir a la toilette aunque la dauphine no esté completamente vestida ni peinada) llega y le presenta a un miembro de la familia que aún no conoce, la hermana menor de su esposo, la princesa Élisabeth. No imagina Marie-Antoinette que esa niña de apenas 6 años será uno de sus acompañantes más fieles durante las amargas horas de la Revolución. Más tarde son presentados el Conde de Clermont y la Princesa de Conti (princes de sang ausentes en la presentación de La Compiègne).

Mientras tanto el primer piso del palacio se empieza a llenar de gente. Por toda la Galerie des Glaces y el Grand Appartement se han instalado gradas para permitir al público observar el cortejo nupcial. Unas balaustradas separan, eso sí, a los espectadores de los protagonistas. En principio solo las damas con grand habit (gran traje de ceremonia), los caballeros de la Orden del Saint-Esprit y los asistentes con invitación (más de 5000!!) pueden entrar. Pero conforme avanza la mañana se da orden de relajar las normas y las damas bien vestidas “y acompañadas de un lacayo o de un hombre que les dé el brazo” también entran. Las mejor vestidas ocupan las gradas de la Galerie.

Mientras todo el mundo ocupa su lugar, el novio y la novia terminan de vestirse. Ella lleva un grand habit de seda plateada y brocado blanco bordado con hilo de plata (el dorado está exclusivamente reservado al Rey y a la Reina). El grand habit siempre se compone de tres partes: el grand corps (el torso y las mangas de encaje), el panier (en España el guardainfantes) y el bas de robe (la cola de tres a cinco metros).
No se ha conservado ningún atuendo regio anterior a la Revolución, sin embargo el vestido de Marie-Antoinette debió ser muy próximo al usado por la reina Sofie Magdalene de Suecia el día de su coronación en 1772.
© Livrustkammaren, Stockholm.

La cola debió medir entre 3 y 5 metros, en la Corte había un complejo reglamento (que por el momento ignoro) sobre la longitud de las colas.
© Livrustkammaren, Stockholm.

Él lleva el clásico grand habit masculino, también plateado y formado por un justaucorps (casaca) una veste (un chaleco abotonado y largo hasta media pierna) y unos culotte (calzones hasta la rodilla). Por los puños y el cuello sobresalen los bordados de la camisa de seda blanca. Encima de toda la vestimenta, el Dauphin lleva el cordon (banda) azul celeste de la Orden del Saint Esprit.
También el traje de Dauphin debió ser muy parecido al de la coronación del rey Gustav III de Suecia en 1772, pero sin los dorados (exclusivos del Rey) y con las puños más estrechos según la moda de finales de 1760s.
© Livrustkammaren, Stockholm.

CAMINO AL ALTAR

Cuando las respectivas toilettes han terminado, toda la Familia Real se reúne en el appartement del Rey en el primer piso. A la una en punto, el cortejo nupcial sale del Grand Cabinet du Roi rumbo a la capilla. Abre la marcha el Marqués de Dreux Brézé, Gran Maestro de Ceremonias, acompañado de su aide. Luego los prometidos, dándose la mano, inmediatamente detrás de la Dauphine, un paje sosteniendo la cola del vestido, después la Condesa de Noailles. A continuación los princes de sang acompañados de sus gentilhombres y el Conde de Provence y el Conde de Artois (hermanos del Dauphin). Les siguen el Rey, que marcha solo y que da paso a las damas: la princesa Clothilde (hermana del Dauphin), Mesdames (las hijas solteras del Rey), las princesses de sang y unas 70 damas de la Corte en grand habit. Cierran la marcha los principales cargos de la Casa del Rey.

El cortejo nupcial recorre la Galerie des Glaces y las ocho estancias que componen el Grand Appartement, todas repletas de elegantes damas y caballeros de Paris dispuestos en gradas. Hace años que no se ve tal suntuosidad en trajes y joyas. El cortejo desciende y entre el repicar de los tambores de la Garde Suisse, entra en la planta baja de la Chapelle Royale donde tienen lugar todas las misas extraordinarias.
Primer piso o piano nobile de Versailles hacia 1770 con los espacios citados en este artículo. El punto azul es el Grand Cabinet du Roi.

La Chapelle Royale de Versailles, la última aportación de Louis XIV a su amado palacio.

Gravado que representa la boda del anterior Dauphin en 1745, la boda de 1770 debió ser prácticamente idéntica a excepción de algunos cambios en la vestimenta de los participantes.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles) - Gérard Blot.

Los prometidos se sitúan en dos reclinatorios, justo delante de los escalones del altar. Bastante por detrás suyo se sitúa el Rey en su reclinatorio y encima de su tapis de pied (alfombra sobre la que solo podían estar los miembros de la Familia Real), detrás suyo los hermanos y hermana del Dauphin y Mesdames. Alrededor del tapis los princes y princesses de sang. Todos ellos con reclinatorio.

El resto de los miembros de la Corte permanecen de pie, sin excepción, y situados en altísimas gradas que se han erigido en ambos pisos de la capilla.
Louis XIV representado en su tapis de pied, pintado en 1695 en la antigua capilla de palacio. Detrás suyo aparece, de rojo, el Grand Dauphin, padre de Felipe V de España.

La película Marie-Antoinette (2006) de Sofia Coppola representa la boda en el sitio exacto donde se celebró, pero con mucha menos gente y el Rey erróneamente situado al lado del altar.

El arzobispo de Reims, Grand Aumônier (Gran Capellán) de la Corte, oficia la ceremonia. Pasaremos de largo los detalles litúrgicos de la misa que se termina con la firma de las actas de boda. Un modesto cura del parroquia de Notre-Dame de Versailles (a la que pertenece el palacio) trae el voluminoso registro de bodas y lo entrega el Rey, que es el primero en firmarlo encima de su reclinatorio. Acto seguido firman según el orden protocolario los recién casados Dauphin y Dauphine, el resto de la Familia Real, los princes y princesses de sang,  el Grand Aumônier y el cura de la parroquia.
Registro de boda. El manchurrón que dejó Marie-Antoinette al firmar fue visto por algunas personas como un mal augurio.

Hacia las dos en punto todo ha terminado, el cortejo se vuelve a formar y hace el recorrido a la inversa y una vez más con las estancias repletas de damas y caballeros venidos de Paris. Solo una pequeña diferencia en la disposición del cortejo, como la Dauphine ya está casada, ahora ya tiene rango en la Corte de Francia, por eso su posición en el cortejo es inmediatamente después del Rey, pero sola, el Dauphin va inmediatamente antes de monarca. Sería impensable, en la actualidad, que una pareja de novios entraran juntos a la capilla y salieran por separado.

Inmediatamente después de que las puertas del Salon de la Paix se cierren bajo el último miembro del cortejo, los ujieres y los guardias de palacio empiezan a sacar el público de las estancias, no es una tarea fácil, a los más de 5000 invitados hay que añadir a la gente que ha entrado durante la misa. Tan pronto como es posible los obreros desmontan las gradas y empiezan a preparar el Grand Appartement para la soirée de la tarde.

LE JEU DU ROI

Una vez terminada la ceremonia religiosa, la mayoría de los invitados pueden descansar hasta media tarde, la Dauphine no.

Marie-Antoinette vuelve a su appartement de la planta baja e inmediatamente empieza el acto de juramento de los nuevos miembros de la Casa de la Dauphine (entiéndase todas las personas dedicadas a su servicio, cada miembro de la Familia Real tiene una casa independiente). En presencia del Conde de Saint-Florentin (Ministro de la Casa del Rey) y entre las manos de la recién casada juran los altos cargos de la casa, a saber: la dama de honor (la líder de la Casa de la Dauphine, la archicitada Condesa de Noailles), la dame d’autours (en España la camarista que asiste el tocador), seis damas de palacio, tres damas supernumerarias, el caballero de honor, el primer mayordomo, el primer capellán, el superintendente de finanzas, los intendentes, los tesoreros, los gentilhombres sirvientes, el secretario, el primer caballerizo y los interventores generales.

Los miembros de rango menor han prestado juramento con anterioridad a la Condesa de Noailles.

Acto seguido se le presentan a la Dauphine los embajadores de las cortes extrajeras, entre ellos el Conde de Mercy-Argenteau, embajador de la Corte de Viena, y por lo tanto conexión directa entre Marie-Antoinette y su madre la emperatriz Marie-Theresia.

Antes de empezar los juramentes y presentaciones la Dauphine ha recibido la corbeille de mariage, una caja de terciopelo rojo bordado en oro en la que la recién casada recibe sus regalos de boda, en este caso del Rey. La caja contiene una parure de esmalte azul con una cadena de diamantes, un estuche, un portamonedas y un soberbio abanico cuajado de pequeños diamantes. La caja contiene además souvenirs, relojes de bolsillo y estuches tallados que ella distribuye encantada entre las personas presentes (hay etiquetas para saber a quién debe dar cada cosa).

Pasadas las cuatro, la Familia Real almuerza en petit couvert (en privado), luego todos vuelven a sus respectivos appartements para cambiarse.

A las seis en punto de la tarde empieza el jeu du Roi, aunque la Familia Real no aparece hasta pasadas las seis y media. En el Grand Appartment las gradas de la mañana han desaparecido, para dejar espacio a las 6000 personas que han recibido una invitación. Pero el principal atractivo de la celebración está en la Galerie des Glaces. Centenares de lámparas, muchas de ellas alquiladas para la ocasión, cuelgan del techo, las cuerdas han sido primorosamente escondidas bajo voluminosas guirnaldas de flores. La iluminación se completa con 24 girandoles y 24 torchères doradas. Aunque en las primeras horas apenas es necesaria, pues los últimos rayos del Sol que desaparecen bajo el horizonte del jardín tiñen la Galerie de una luz anaranjada.

En el centro de la Galerie se dispone la table du Roi, una inmensa mesa circular con una cobertura de terciopelo verde con flecos dorados en la que el Rey y la Familia Real juegan al lansquenet. A su alrededor tres y hasta cuatro hileras de damas de la Corte observan la partida. Un poco más lejos de la table du Roi, en pequeñas mesas, los princes y princesses de sang, las damas y los caballeros de la Corte juegan a la cavagnole. Una balaustrada separa la parte central de la Galerie destinada a la Corte de las partes laterales destinadas al público y a las “damas de Paris”. Finalmente como ha ocurrido por la mañana, se han relajado las normas de admisión y puede entrar cualquiera que vaya decentemente vestido. El público entra por el Grand Appartement, discurre en fila india por los laterales de la Galerie y sale por el Appartement de la Reine. Al parecer todo el mundo es respetuoso y el constante movimiento de la hilera no se interrumpe. Los invitados más privilegiados pueden permanecer sentados en unas gradas dispuestas en el espacio de las ventanas de la Galerie.
Representación del Jeu du Roi en la segunda boda del anterior Dauphin en 1747 por Charles-Nicolas Cochin le Jeune.
© RMN-Grand Palais (Château de Versailles). 

La table du Roi y las damas de la Corte a su alrededor.


El jeu du Roi, se desarrolla sin ningún incidente, a excepción de una terrible tempestad que obliga a suspender los fuegos de artificio que se tenían que lanzar en los jardines. Al pueblo se le había permitido de forma excepcional acceder a los jardines de Versailles, pero después de horas esperando, la tormenta les obliga a cobijarse en los vestíbulos de palacio, donde se mezclan de forma desordenada con los elegantes burgueses venidos de Paris para ver el jeu du Roi.

EL FESTÍN Y LA BENDICIÓN NUPCIAL

A las diez el Rey se levanta de su mesa, el jeu du Roi ha terminado. El banquete nupcial empieza en la otra punta del palacio en la nueva Salle de l’Opéra.

Desde tiempos de Louis XIV, se había proyectado construir una sala de ópera y teatro en el palacio. Durante décadas la decisión se fue aplazando por falta de fondos, y a finales del reinado del Rey Sol, éste decidió construir una nueva capilla y dejar la construcción de la sala de espectáculos para sus sucesores. Durante más de cincuenta años, el extremo norte del ala norte de Versailles estuvo ocupado por un inmenso solar vacío. Las imponentes fachadas terminaban bruscamente a la espera de la nueva ópera.

Pero nada se construyó. A Louis XV parecía no interesarle y durante gran parte de su reinado pequeñas salas de teatro desmontables se habían erigido temporalmente en distintas partes del palacio. No sería justo, sin embargo, no decir que el creciente endeudamiento de la monarquía fue una causa importante en los constantes retrasos. En 1748, el arquitecto de cabecera del Rey, Ange-Jacques Gabriel, decidió empezar la construcción de la nueva ópera. Las obras de cimentación se realizaron con mucha lentitud y todo fue parado en 1756 a causa de la Guerra de los Siete Años. Se reemprendió en 1763 para suspenderse otra vez dos años después. En 1768, en vista de la boda del Dauphin, Louis XV decidió finalmente dar el sprint final. Hasta el día anterior a la boda se estuvieron haciendo los últimos retoques a la construcción. Pero el resultado fue digno de Versailles.
La Salle de l'Opéra de Versailles.

El arquitecto Gabriel concibió una Salle de l'Opéra que puede considerarse (como toda su carrera) un puente entre la arquitectura tardo-barroca y el emergente neoclasicismo. La sala, realizada enteramente en madera que imita el mármol, presenta una forma ovalada y fue rápidamente reconocida por la crítica como la segunda sala más grande y con mejor acústica de Europa (después del San Carlo de Nápoles). La decoración, a base de jarrones “à l’ancienne”, medallones y guirnaldas anuncia ya las formas del style Louis XVI. Pero el elemento más potente es sin dura la diáfana columnata semicircular que substituye a los palcos en la parte superior, un claro guiño al famoso Teatro Olimpico de Palladio.

Así pues, con el festín de bodas, se inaugura la que se considera última gran construcción en el Versailles de los Borbones.

En medio de la sala, en la platea, se dispone una inmensa mesa rectangular (de 8.50 x 4.20) de 22 cubiertos para la Familia Real y los princes y princesses de sang. En Rey se sienta en un extremo, frente al escenario, a su derecha el Dauphin y a su izquierda la Dauphine, a continuación, en los lados largos el resto de asistentes. Siguiendo el protocolo, el Rey se sienta en un sillón, el resto de los comensales en un taburete. El centro de la mesa lo ocupa un inmenso surtout de porcelana de Sèvres que imita una columnata dórica y que se completa por una escultura ecuestre del Rey, dos fuentes, y varios putti y alegorías de la abundancia.

Una balaustrada de mármol separa la mesa y los gentilhommes servants (vamos, los camareros), de los miembros de la Corte que ocupan la platea (de pie, claro). El resto de miembros de la Corte se distribuyen en los varios pisos de palcos de tiene la sala.
Representación del Festin Real de 1770, se puede apreciar perfectamente la mesa real, el surtout y la Corte repartida en los palcos.

Surtout para la boda de Louis-Auguste y Marie-Antoinette. Solo se conserva la columnata central, aunque reformada a finales del siglo XIX.
© RMN-GP (Château de Versailles) - Gérard Blot.

En el escenario, un decorado que imita el estilo de la sala permite que haya más palcos para la Corte y, en medio, los 180 miembros de la banda de música de los Gardes Françaises vestidos “à la turque” tocan ininterrumpidamente durante las dos horas y media que dura el festín.

El menú del festín no se ha conservado, pero se sabe que se sirvió “à la française (es decir con todos los platos en la mesa, y los comensales sirviéndose aquello que quieren comer) y que contó con varios servicios, el primero se hizo en la vajilla de oro, los otros en la vajilla de vermeil.

La Duquesa de Northumberland, presente en el festín, dice en sus memorias que el Dauphin “comió muy poco, se le veía pensativo y miraba fijamente su plato mientras movía el cuchillo con los dedos”. Otra versión, quizás más apócrifa, dice que el Rey le dijo al Dauphin “Mejor que no comáis demasiado para esta noche” y éste respondió “¿Por qué? Siempre duermo mejor cuando he cenado bien.”. El Rey evitó entonces explicarle a su nieto en qué consistía la noche de bodas, estaban sentados a más de metro y medio de distancia.

Pasada medianoche, se da por terminado el festín real y los recién casados se dirigen a sus respectivos appartements a la espera de la bendición del lecho nupcial.

Cada uno se desviste en sus respectivos aposentos, pero siguiendo el ritual del “coucher (la ceremonia nocturna en la que los monarcas y grandes señores son desvestidos en público).

En el caso del Dauphin, el Rey, en presencia de las grandes entrées (las personas con derecho a asistir al coucher), le hace entrega de la camisa de dormir. Ceremonia análoga ocurre en el appartement de Marie-Antoinette, en su caso la camisa de dormir se la entrega la Duquesa de Chartres (princesse de sang y mujer casada de más rango en la Corte).

A continuación llegan el Rey, el Dauphin y quienes han asistido a su coucher. Según la tradición, a pesar de que en esa época los esposos de la realeza y aristocracia duermen en estancias separadas, la cámara nupcial o conyugal siempre es la de la esposa.
El dormitorio que usó Marie-Antoinette durante sus primeros meses de casada y donde se realizó la bendición nupcial (actual Chambre du Dauphin). Ninguno de los muebles actualmente en exposición es original.

Se descorren las cortinas de la cama, el Rey da unos consejos de última hora al Dauphin. Luego los esposos entran en la cama y ante la presencia del Rey, la Familia Real, los princes y princesses de sang y las grandes entrées (podemos imaginar tranquilamente unas 40 personas), el arzobispo de Reims (el mismo que los ha casado por la mañana) bendice la cama. A continuación todo el mundo hace una reverencia a los esposos y abandona paulatinamente la estancia, finalmente se corren las cortinas de la cama.

Pero esa noche no ocurrirá nada, ni esa ni ninguna de las noches de los próximos siete años.

El Dauphin escribe en su diario “Mi boda, soirée en la galerie, festín real en la sala de la ópera”.