viernes, 7 de marzo de 2014

Obsesiones Arquitectónicas: la fachada del Real Alcázar de Madrid.

Proclamación de Felipe V como Rey de España en el Real Alcázar de Madrid (30 de noviembre de 1701).
Cuando Felipe V entró en Madrid en 1701, descubrió una ciudad que representaba la profunda crisis económica, política y social que sufría la Monarquía Hispánica, pero por el contrario en el lado oeste de la ciudad se alzaba el mayor edificio que los Habsburgo habían dado a la capital.

El Real Alcázar de Madrid, residencia oficial de los monarcas, presentaba la más monumental fachada de la ciudad y era, junto a la Plaza Mayor (1590-1619), al Palacio de los Consejos (1613-1625), al Palacio de Santa Cruz (1629-1636) o a la Casa de la Villa (1644-1692) el mayor ejemplo del barroco español, o “barroco castizo” o arquitectura “post-herreriana”.

La amplia fachada del Alcázar heredaba la composición simétrica, regular y un tanto monótona que Juan de Herrera había utilizado en el Escorial, era más rígida que el barroco italiano y menos clasicista que el francés. Los elementos decorativos estaban reducidos a su mínima expresión, más allá de las pilastras y de los frontones que enmarcaban las características ventanas con balconcito típicas de la arquitectura castellana. Un diáfano y monumental portal de entrada se convertía en centro focal de la composición y servía, además, para sostener y resaltar los emblemas reales. En los extremos de la fachada, y por lo tanto en los ángulos del edificio, se erigían dos altas torres cubiertas con los característicos chapiteles puntiagudos que Felipe II había importado de Flandes.

Pero esta fachada regular, altiva y monumental escondía un pasado constructivo turbulento y ecléctico típico de las residencia reales europeas.

El Real Alcázar empezó siendo una fortaleza musulmana más o menos cuadrangular situada en el límite oeste de Maǧrīţ. Conquistada la ciudad en 1086, su castillo o alcázar pasó a engrosar la larga nómina de propiedades de la itinerante corte de los reyes castellanos.
Madrid poco después de la conquista cristiana (1086).

La fachada principal del Real Alcázar era la sur y daba a una amplia explanada conocida como el Campo del Rey (actual Plaza de la Armería), las otras tres fachadas formaban parte de las murallas de la ciudad. Enrique III (1390-1406) fue el primer monarca que alteró la forma del primitivo alcázar musulmán mandando re-erigir las dos torres de la fachada sur: la Torre del Homenaje en el centro (y que servía de entrada principal) y la Torre del Bastimento en el extremo este. Justo detrás de la Torre del Bastimento, Juan II (1406-1454), mandó construir, años más tarde la Capilla Real.
Fachada del Real Alcázar hacia 1530 según Cornelius Vermeyen. En centro la Torre del Homenaje, en el extremo derecho la Torre del Bastimento.

A pesar de que durante décadas los Trastámara habían favorecido las estancias en Madrid, Carlos I (1516-1556) fue el primer monarca que realizó grandes transformaciones en el Real Alcázar, destinado a convertirse en una de las principales residencias del “César de Europa” en detrimento del Real Alcázar de Segovia. Después de haber alojado entre 1524 y 1525, al rey francés François I como prisionero, Carlos I encargó en 1536 a Luis de la Vega y Alonso de Covarrubias la duplicación de la superficie del alcázar añadiendo un nuevo patio en el lado este. El nuevo patio fue conocido como Patio de la Reina (este) por alojar las estancias de la soberana y el antiguo como Patio del Rey (oeste). Ambos recibieron una doble arquería más o menos renacentista. Con esta ampliación, la Torre del Bastimento dejó de estar en el extremo este de la fachada. Asimismo se erigió un nuevo portal de entrada a base de órdenes superpuestos entre las torres del Homenaje y del Bastimento.

Reconstrucción hipotética del Real Alcázar tras las reformas de Carlos I, hacia 1550.
Esquema de la evolución del Real Alcazar. Delineado en rojo, el perfil del edificio antes de la ampliación de Carlos I.

El reinado de Felipe II (1556-1598) fue sobretodo importante por el establecimiento en 1561 de la capitalidad de Madrid, el Real Alcázar pasó a ser entonces la principal residencia de los monarcas españoles además de sede de la Corte. Bajo Felipe II, el alcázar empezó su lenta transición de castillo a palacio. El monarca, deseoso de comodidad y de sofisticación, erigió en el extremo oeste la llamada Torre Dorada (1560s), con una fachada con amplios ventanales con frontones y con un alto chapitel “a la flamenca”. En dicha torre tenía el Rey sus aposentos privados y su Wunderkammer o “gabinete de curiosidades” repleto de pinturas, objetos preciosos y curiosidades naturales.
El Real Alcázar hacia 1570, la Torre Dorada en el extremo izquierdo.

Vista del Real Alcázar a finales del reinado de Felipe II según Jean L´Hermite en sus Les Passetemps (1596-1597),

Recontrucción virtual de la fachada oeste que incorporaba elementos de la muralla musulmana.
Carmen García Reig, Museo Imaginado.

Finalmente, durante el reinado de Felipe III (1598-1621) se decidió acometer la necesitada renovación de la fachada principal para darle una regular armonía que la alejara del aspecto castrense que tenía. Francisco de Mora empezó en 1608 las reformas. Su planteamiento fue coger la elevación de la Torre Dorada como modelo para construir una fachada simétrica y nuevos salones tras ella. Cuatro torres idénticas aportarían ritmo a la nueva fachada: la Torre Dorada, las torres del Homenaje y del Bastimento (que serían travestidas) y una nueva torre en el extremo este, la Torre de la Reina, que se construiría al mismo tiempo que se remozarían las estancias de la soberana. Muerto Francisco de Mora en 1610 el proyecto lo continuó su sobrino Juan Gómez de Mora. En 1622 se reconstruyó el portal de entrada en el centro de la fachada.
Proyecto de Francisco de Mora tal y como aparece en el Plano de Wit (1636).

La fachada del Real Alcázar hacia 1630. De izquierda a derecha: la Torre Dorada, la Torre de Homenaje, la Torre del Bastimento y la Torre de la Reina.
Carmen García Reig, Museo Imaginado.

Felipe IV (1621-1665) decidió por el contrario eliminar las dos torres centrales (1630) para acentuar la horizontalidad de la fachada y eliminar definitivamente el aspecto defensivo de la cara sur del Real Alcázar. Entre las nuevas estancias se construyeron caben destacar la Galería Alta y la Galería Baja entre la Torre Dorada y la del Homenaje (en la de la planta baja se pintaron en 1656 Las Meninas), y el Salón de los Espejos entre las torres del Homenaje y del Bastimento, que sirvió como principal salón de recepción hasta 1734.

La ya citada eliminación de las dos torres centrales de la fachada permitió crear la Pieza Ochavada (1645) en lugar de la Torre del Homenaje y el Dormitorio de la Reina en lugar de la Torre del Bastimento.
Vista del Real Alcázar hacia 1640 según Félix Castello.

Vista del Real Alcázar hacia 1650-1660, anónimo.

Felipe V (1700-1746) llevó a cabo esencialmente labores de redecoración destinadas a adaptar el palacio de los Habsburgo al exuberante gusto francés, las obras fueron encargadas primero a Teodoro Ardemans y luego a René Carlier. Entre 1709 y 1711 se construyó el Grande Salón Nuevo en substitución de la Galería Alta y también se transformaron un conjunto de estancias del servicio en el ala oeste en grandes antecámaras a imitación de las de Versailles.
El centro de Madrid en 1725, en el extremo izquierdo el Real Alcázar (6), en el derecho el Palacio del Buen Retiro.

En diciembre de 1734, la distribución de las estancias del primer piso de la fachada principal era (de oeste a este) la siguiente: antiguo gabinete del Rey en la Torre Dorada, Grande Salón Nuevo, Pieza Ochavada (antigua Torre del Homenaje), Salón de los Espejos o del Trono (en el centro de la fachada), cabinet de toilette de la Reina (antigua Torre del Bastimento), Galería de la Reina o Comedor de Sus Majestades, antiguo gabinete de la Reina y antiguo oratorio (ambos en la Torre de la Reina). 
Salida de Felipe V hacia la Campaña de Portugal el 4 de marzo de 1704, según  Filippo Pallota.

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